Paternidad a Carcajadas: Instinto Maternal

Estimado Capitán:

Se acerca el desembarco de los mellizos. ¡El día D! ¡Ovugirl sale de cuentas el próximo 21 de octubre! ¿No es increíble? Al final no era broma. «¡Esta mierda va en serio, Capitán!», que diría un negro ficticio y estereotipado con la cara de Samuel L. Jackson. Empiezo a notar cierta flojera de estómago, pero en fin, que estoy muy ilusionado y por eso hoy le quiero hablar sobre el instinto maternal, el instinto paternal y sus diferencias.

Instinto paternal

  1. Hace que intentes dejar los vicios con más fuerza que nunca. Pero no es tan fácil. Si algo se llama vicio, será por algo. Tengo que aclarar una cosa, Capitán. La palabra «vicio» tiene dos acepciones principales.

a) Hábito de hacer mal algo o de hacer una cosa perjudicial o que se considera reprobable desde el punto de vista moral.

b) Situación de libertinaje o entrega desenfrenada a los placeres sexuales.

Mis «vicios» pertenecen a la primera acepción. Si perteneciesen a la segunda no tendría ningún motivo para intentar dejarlos. Y tampoco les llamaría «vicios». «Suerte» sería una palabra más adecuada.

  1. Hace que desayunes fruta. Al principio cuesta. Al tercer día le pillas el truco. Al cuarto lo dejas.
  2. Hace que llores escuchando Simply Red (que como nombre de grupo regular, pero como color de coche es cojonudo).
  3. Hace que ordenes los cómics por el orden que se los vas a prestar —repito, «prestar»— a tus vástagos. «Sabiduría no tengo, hijos, pero vais a mamar Stan Lee a paladas».

Grosso modo.

Instinto Maternal

Esta, Capitán, es otra historia. Es todo más intenso. Como William Wallace antes de una batalla. Le pongo un ejemplo de cómo algo nimio puede despertar a una bestia desconocida hasta ahora. Esta mañana nos hemos levantado temprano —un domingo, manda huevos, el mundo se va a la mierda— y hemos salido a dar un paseo, que es una actividad muy emocionante que consiste en andar un rato sin un rumbo determinado. Adrenalina a raudales, como puede comprobar. El caso es que Ovugirl está ya muy incómoda. Cada vez pesa más y sus dedos son como chorizos criollos. Lo digo desde el amor y el respeto al sector cárnico. Me encantan los criollos. Así que entre la incomodidad y la hinchazón, los paseos son más cortos de lo habitual (maldita sea).

Cruzamos la calle por el paso de peatones, pero hete aquí que un conductor se lo saltó a la torera. Ni amago de parar hizo el tío, así que nos vimos obligados a retroceder un par de pasos para que no nos atropellase. Y aquí es donde el Instinto Maternal hace de las suyas. Yo le increpé al imprudente en plan «¿De qué vas?», pero mi cabreo duró unos segundos y seguí con mi vida. Pero Ovugirl no. Ovugirl no perdona. Es como un perro de caza, rabioso y hambriento, cuya presa se le ha escapado por segundos. Cuando sus pequeños polluelos están en peligro le sale «el barrio» y es mejor no estar delante. Ovugirl reprende al huidizo conductor con educación austríaca.

—¡Gilipollas!

Yo la miro con detenimiento, atemorizado. No me atrevo a decir nada porque hay otra ley inmutable del Universo que dice que si tu mujer le grita a alguien y tú intervienes, a ti te cae algo también. ¡Nunca había visto esa expresión en su rostro, Capitán! El coche se aleja, pero encima nos replica con un toque chulesco de bocina que viene a decir «A callar». Así, cobarde y en la distancia. Odio eso. Me dan ganas de arrancarle los testículos de cuajo y apretárselos contra las cuencas de los ojos hasta encajarlos con más fuerza que maña. Pero Ovugirl va a más. Reacciona en una milésima de segundo y su brazo salta como un resorte al cielo. Una peineta corona la acción. Ahí está su dedo corazón: enhiesto, firme y contestatario. En esa pequeña fracción de segundo tengo claro que su falange va a salir disparada cual misil (bip) —en plan Mazinger Z—, que se va a colar por el tubo de escape del coche a una endiablada velocidad (bip bip bip) y que tras una brutal embestida va a acabar metida en el fondo del oscuro culo del conductor para segundos después (bip bip bip bip) estallar. El hombre al volante explota en mil pedazos y una milésima de segundo después el coche.

Y es que una mujer embarazada es más vengativa que la prota de La mano que mece la cuna.

Pero para mi desgracia el dedo de Ovugirl —el criollo asesino— no despega. Se queda ahí unos segundos. En su ojo derecho brilla el instinto maternal y en el izquierdo el asesino. Entonces me doy cuenta de que hay un fino tabique que separa esos dos mundos y es mejor no jugar con él. De repente recupera su estado normal, se tranquiliza y me suelta una frase que nunca pensé que escucharía de sus labios:

—Menos mal que no soy The Flash, porque me ponía a correr y le daba la vuelta al coche.

Mi novia ha pronunciado The Flash sabiendo qué significa. Desconocía esa faceta suya.

No se puede ser más feliz.

¡Saludos, Capitán!

6 comentarios en “Paternidad a Carcajadas: Instinto Maternal

  1. Ay Antón pero q gracioso eres, q manera de contar las cosas tienes….. pues esto no es nada, la de cantidad de post que vas a escribir cuando seas padre (y q no me quiero perder). Tus cómics dejaran de ser tuyos a menos q los pongas bajo candado, pq ademas acabaran sin hojas, pintados y llenos de papillas….
    Mis peliculas originales y mis series etc están guardadas en un arcón por si las moscas….
    Porque ademas los peques tienen una extraña atracción con todo lo que uno no quiere q se fije, ojo con eso!!!
    mi parte favorita…..
    Me cabreo unos segundos y sigo mi camino, pero Ovugirl no. Ovugirl es como un perro de caza, rabioso y hambriento, a quien su presa se le ha escapado por segundos. Ella, es muy elegante y tranquila, pero ojo… lleva una Queen Latifah dentro. Cuando sus pequeños polluelos están en peligro le sale “el barrio” y mejor no estar delante. Ovugirl increpa al huidizo conductor con educación austriaca:

    —¡Gilipollas!

    OLE OLE Y OLE esa Ovegirl!!!!!
    Ahhh!!!! y vivan los criollos!!!
    :*

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  2. Estoy enganchada a tu blog… río sin parar. Muchas gracias por escribir tengo a una fierecilla de 5 meses así que me siento identificada contigo.
    Felicidades!

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