Diario de a bordo: Secretitos y confesiones

Estimado Capitán:

Los lechones tiene 3 años 10 meses y 15 días. Manda huevos.

Hoy quiero hablarle de los secretos. ¿Qué es un secreto para un niño de tres años? Pues más o menos lo que los mayores les decimos que es. Esta semana he descubierto que mis hijos no saben guardar secretos. Son como Bárcenas. Es superior a ellos. El otro día se fueron a dar un paseo con Ovugirl y al regresar a casa lo primero que comentaron con una sonrisa pícara fue algo así como:

—Papáaaaa no comimos chocolate.

Excusatio non petita que dice el refrán andaluz. En definitiva que la Madre de Lechones les increpa entre risas y les restriega su falta de compromiso con su promesa. Pero ellos no se dan por enterados.

—Pero ¿cómo les das chocolate antes de comer que después lo dejan todo?— me pongo en modo poli.

— No, papá no lo tomamos— certifica Tomás—. Y las chuches tampoco.

La madre que lo parió. Es menos discreto que Karmele.

En la familia no debe haber secretos. Mira que bien les fue a los Corleone. Gente maja y sana.

Y lo peor es que Ovugirl no aprende. No era la primera vez. Eran reincidentes. Sobre todo Tomás que no tiene filtro. El tío lo suelta y ni remordimientos ni nada. El otro día también dejaron vendida a su madre con la frase.

—No compramos salchichas, papá.

Nada más entrar por la puerta. Estaba deseando soltarlo el tío. Como par contarle algo serio. Lo mejor de todo es la cara con la que te lo dicen. Quieren que lo sepas, para que no tengas dudas. Si es que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo.

Hasta aquí la parte de los secretitos. Ahora va la de las confesiones.

Nota para Ovugirl:

Si quieres que guarden un secretito hay que hacerlo bien. Hoy nos comimos un cruasán relleno de chocolate. ¡Y ya era la una! Y nadie te dijo nada. Aprende del maestro, cariño.

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