Diario de a bordo: Papi en forma

Los lechones tienen 3 años, 10 meses y 16 días

Estimado Capitán:

Una de las cosas que ocurren en el cerebro masculino cuando un hombre se convierte en papá es que entre nuestras neuronas se establece algo de diálogo. Antes también, pero menos. A uno le entra la prisa por cuidarse, por invertir en salud que se traduzca en un futuro en tiempo de calidad con los lechones. Si al efecto lechón le sumamos el que tu padre sea Campéon del Mundo de Triatlón de Larga Distancia a los 75 años pues como que tener barrigón no pega mucho.

El 5 de mayo de este año al ver a mi padre en el podio a sus 75 y años tras completar una carrera de 3.00 metros nadando, 120 en bicicleta y 30 kilómetros corriendo me asomé a mi barriga y tomé una decisión. Ponerme en forma y cambiar mis hábitos. Eso de los «fofisanos» es una falacia. Si estás fofi no estás sano. Guapo a lo mejor, pero sano no. Así que haciendo acopio de valor al llegar a casa me subí a la báscula. 94 kilos. ¡La virgen!

Cuando tienes ese sobrepeso te sientes mal. Al menor yo. Te dices a ti mismo que vas a empezar a comer mejor y a hacer ejercicio, pero al final nunca arrancas. Hasta que algo hace click en tu cabeza. Mi click en la cabeza ocurrió ese día. Esa misma noche le mandé un wassap a mi padre contándole que pesaba 94 kilos y como siempre fue bastante directo y sincero.

—No te preocupes, hijo. O un ictus o un infarto. Es solo cuestión de tiempo.

Es lo que tiene tener un médico en la familia. Suelen ser bastante sinceros. Ese mismo día comencé a correr. Y a nadar. Me marqué objetivos. Lo anuncié en casa y en el trabajo. Risas. Me dio igual.

Hoy es 25 de agosto. Ya no peso 94. Peso 80. Como mejor, me encuentro muchísimo mejor, pero esta dinámica tiene que ser para siempre. La cabeza me va a mil por ahora y tengo mucha más energía. Y aún hay que mejorar mucho. Quiero disfrutar de los lechones mucho tiempo y si puedo ser con cierta calidad de vida mejor. Hasta me he metido en crossfit. ¡Yo! Eso es como ver e Belén Esteban en el Congreso. Son clases bastante exigentes. Hago abdominales con nombre de cereales como Hollow Crunch, Crunchy Nut y no sé que pollas más. No hay Dios que se los aprenda. Y sudas la gota gorda, pero de una retorcida manera también lo disfrutas. De hecho tengo que dejar ahora mismo de escribir que tengo clase. Cuando vuelva acabo el informe.

Capitán acabo de llegar. No puedo teclear más muero de cansancio. Pero feliz.

¡Saludos!

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