Paternidad a Carcajadas: Tradiciones familiares

Estimado Capitán:

La de paridas que hacemos los padres que así, sin más pretensiones que hacer un rato el tonto con nuestros hijos, se convierten sin querer en tradiciones familiares que van calando de una generación a la siguiente. En mi caso los lechones han heredado dos que vienen de mi más tierna infancia, con comportamientos que había olvidado y que ahora vuelven a mi memoria como una vieja melodía.

  1. La Magia: Esta me la hacía mi padre cuando era un crío. Ponía una servilleta en la mesa o en el suelo y me hacía recitar unos versos, conocidos por todos en este planeta. Unos versos que dicen así: ¡Abracadabra, pata de cabra! ¡Raupataplau patatas con bacalao! No es Machado, pero cumplen su función. Tras pronunciar aquellas palabras mágicas mi padre levantaba la servilleta y allí, de la nada, aparecían sobres de cromos. Y yo flipaba. Ahora se lo hago a mis hijos y ellos también flipan. En realidad lo hago como el culo, pero aún son pequeños para darse cuenta de que su padre es un fraude. Lo reconozco, no soy Dinamo, pero de momento funciona. Yo le descubrí el truco a mi padre a los 23.
  2. Los enanitos: Este sí que es un buen truco para que adquieran la costumbre de lavarse los dientes. También me lo hacía mi padre que no sé de dónde lo pudo sacar. La cuestión es que antes de dormir hay que pedirles que abran la boca. Allí al fondo están sus enanitos. Si los dientes están sucios, estos enanitos están tristes y sucios, pero después de cepillarse los dientes lucen contentos y limpios. Si eres valiente puedes pedirle a tus vástagos que te echen el aliento, pero dependiendo del día a veces eso te puede ocasionar la muerte súbita. El efecto colateral es que se pasan un buen rato delante de espejo con la lengua fuera intentando ver a esos enanitos. Es complicado verlos. Yo llevo intentando verlos casi 40 años y son huidizos esos cabrones.
  3. La Tortura China: Mi padre me sentaba encima de la puerta. Y uno se quedaba ahí unos minutos con los huevecillos aplastados. Una vez intenté hacerlo, pero como soy más bajo que mi progenitor parecía que estaba intentando jugar al baloncesto con el niño. Ovugirl me dedicó una mirada de castigo y no lo he vuelto a intentar por miedo represalias.
  4. Las cosquillas mejicanas: Este es un invento propio y está siendo todo un éxito. Se trata de hacerles cosquillas mientras uno pronuncia palabras supuestamente mejicanas con acento del país. Instrucciones: Poner al lechón sobre tus piernas de espaldas, como si fueses a darle unos cachetes en el culo, y empezar a hacerle cosquillas mientras con acento mejicano se pronuncian palabras inventadas. Por ejemplo: Soletas de machacoplo con rosonas de cacamecha y choparetas de chichimanga. No falla. Se desconojan. Si son muy pequeños se pueden mear encima, ojo.

¡Nunca se sabe las cosas que pueden perdurar en el tiempo, Capitán!