Paternidad a Carcajadas: Mejor fuera que dentro…

Los lechones tienen 4 años, 2 meses y 12 días

Estimado Capitán:

El tema de la discreción da para mucho y algo me dice que aún no hemos vivido lo mejor en lo tocante a este tema. Como todos los humanos a los críos se le escapan los gases bien por lo que viene siendo la boca, fenómenos que se conoce con el nombre de eructo o bien por el ano, modalidad que recibe el nombre de pedo. No me mire así que yo no me he inventado los niños son míos, pero estos accesorios vienen de serie. Ambos estilos de ventosidad (oral y anal) no son monopolio de la tierna infancia y recuerdo que mi abuelo soltaba unos eructos largos como tandas de penaltis.

Al principio de sus tiempos recuerdo que se cascaban un eructillo o se les escapaba un pedito y la gente se reía y les jaleaba como la turba a Santiago Abascal en la Joy, pero ahora ya son mayores y aunque aún graciosos hay que acotar la zona destinada a la liberación de gases. Podríamos ponernos finos como marqueses y delimitar esa zona al cuarto de baño, pero mi hipocresía no llega a tal nivel, Capitán. Es como exigir todos sobresalientes, pues no. Si hay un notable no pasa nada. Digamos que una zona realista sería la casa en general quitando, por razones obvias, la mesa en la que se come. Conozco familias que no podían evitar las lágrimas al notar que el abuelo había vuelto a hacer de las suyas. Hay que recordar que los gases se catalogan en:

Explosivos: El pedo Rambo. Mucho ruido y pocas nueces. Es más el susto que otra cosa. Los hay tan potentes que las nalgas vibran durante diez minutos.

—Silenciosos: También llamado el pedo Cluedo. Todo el mundo intenta averiguar quién ha sido, pero sin preguntar.

—Mochileros: O pedo Labordeta. Te acompaña a todos lados y por mucho que gires como un Comecocos en plena faena se te pega a la piel.

Con sorpresa: O el pedo Isabel Gemio que no hace falta explicar.

Los lechones ya entienden que este tipo de ruidos, inherentes y tan naturales al ser humano como la envidia o la bondad no se deben hacer en público. De momento lo vamos consiguiendo. Mejor fuera que dentro.

Pero hay otros temas que de momento no acaban de pillarlos. Por ejemplo:

Ayer en el supermercado iban con su madre paseando alegremente entre yogures y postres lactéos cuando a viva voz el lechón 1 le preguntó:

—Mamá, ¿a que «pilola» solo se puede decir en casa?

—Sí, hijo—respondió Ovugirl que no sabía dónde meterse—. Y cállate ya, anda.

En ese momento Tomás la remató proyectando la voz cual Rufián en el Congreso.

—¿Y culo?

Seguiremos informando.

Saludos, Capitán.