Paternidad a Carcajadas: Papá, ¿me montas el juguete?

Estimado Capitán:

La alegría de un niño al recibir sus regalos de Navidad es directamente proporcional a la frustración de los padres a la hora de montarlos.

Es uno de los timos más viejos del capitalismo, Capitán. Vayamos por partes. Esta mañana Papa Noel se ha portado muy bien con ellos. Y donde digo bien quiero decir muy pero que muy bien. Es más. Se ha portado mejor de lo que habíamos acordado en nuestra CAN (Cumbre Anual Navideña), pero bueno no es cuestión de discutir en Navidad. Lo importante en estas fechas— como todo el mundo sabe—es amasar cuantos más regalos mejor.

Pelillos a la mar.

Vamos a la escena de la que le hablaba. Papá Noel les ha traído a Falcon y a Ronin que aunque podrían ser delanteros de la selección brasileña o chaperos panameños en realidad son superhéroes. Me piden que se los abra. Sonrío henchido de autosuficiencia. Esta parte es fácil. Los muñecos vienen atados por unas finas bridas de plástico, unas catorce mil. No vaya a ser que se escapen. Más que empaquetados parece que están secuestrados.

El problema viene cuando me piden que les monte la pista de coches, una de esas pequeñas pero con loops y cosas así. Vale, esto es para nota. Es el efecto IKEA. Los problemas aquí son muchos y muy variados.

—¡Móntalo tú papá que mamá no sabe!

—Es que mamá no se entera—respondo, pero en realidad sé que estoy jodido. Si mamá, que es un persona que utiliza el taladro como Ángel Cristo el látigo no es capaz de montar la puta pista…¿qué posibilidades tengo yo que ya me costó Dios y ayuda liberar a Falcon?

Un simple vistazo a las instrucciones me da la razón. Hay mapas genéticos más sencillos de comprender. ¡No se trata solo de montar la pista, joder! No sé si seré capaz de identificar las piezas. Ellos me miran ilusionados, al fin y al cabo soy su padre y ellos creen que lo sé todo, pero yo rehuyo su mirada. Menudo baño de realidad para todos. Intento ensamblar un par de tramos, pero es imposible. No se pueden unir. Parezco un chimpancé en un vídeo del Waku-Waku. Me rasco la cabeza. Primate 100%. ¡Ah! Que hay unas pequeñas piezas B que sirven para engranarlas. ¿Cuál es la parte de arriba? Lo veo en el diagrama de instrucciones. Que pena que el diagrama de instrucciones no tenga un diagrama de instrucciones para aprender a leerlo. Números, letras, planos. Genial.

Después de diez minutos (cinco en realidad) he sacado en claro que los tramos que se indican en la caja existen y los tengo delante. Pero nada más. Veo la caja y me doy cuenta de como mola la pista en la foto. Tengo ganas de saber montarla. ¡Ojalá supiese montarla! Una estrella fugaz cruza el cielo. Ah no, es un Vueling que llega con retraso. Como yo. Me cago en la madre del fotógrafo y en la del diseñador de las pistas.

Los dos loops los va a montar Rita. Finjo que me entra un apretón y corro a la habitación a esconderme.

Ovugirl asegura que no pasa nada que por la tarde la montamos con calma. Espero que calma sea el nombre de una ingeniera sueca en aeronáutica porque desde luego yo pienso pasarme toda la tarde fingiendo que leo un libro.

Saludos, Capitán.

PD: Lo bueno de regalar el primer volumen de Paternidad a Carcajadas es que ya viene montado.