Paternidad a Carcajadas: Día 23. El precio de la felicidad.

Estimado Capitán:

Los humanos seguimos confinados para acelerar la victoria frente al coronavirus. Ya llevamos 23 días encerrados a cal y canto en nuestras madrigueras. Yo, Capitán, reconozco que soy un afortunado, ya que disfruto de la cuarentena con Ovugirl y los mellizos, ahora tienen cuatro años, que— como todo el mundo sabe— es la edad de la reflexión y la paciencia. Cuando digo lo de «afortunado» no es broma, además de tener una familia con la que adoro pasar el tiempo, me han llamado para dirigir un nuevo programa de televisión que durara lo que dure el confinamiento, ya que es un programa de televisión educativo. Carambola.

Así que, mientras los políticos siguen despellejándose de refilón, mientras los bulos se esparcen a los cuatro vientos más rápido que el virus, mientras la escoria de la humanidad campa a sus anchas en Twitter, la vida familiar y el lechonismo continúan. Pero hoy, no le quiero hablar de las aventuras de los lechones, ya tendremos tiempo para eso, hablemos mejor del precio de la felicidad.

He confeccionado una lista mental de las cosas que más echo de menos de cuando el coronavirus no existía. Son las siguientes:

  1. Darle un abrazo a mis padres. Precio: 0 € Valor: Incalculable.
  2. Salir a correr. Precio: 1 euro al día (contando que compramos dos buenos pares de zapatillas al año) Valor: Incalculable.
  3. Tomar una o seis cervezas en una terraza con una guitarra y buena compañía. Precio: 20€ Valor: Incalculable.

Y ya.

Resulta que mi felicidad tiene un coste muy bajo. Llamadme simple.

¿Y la suya, Capitán?

Se está procesando…
¡Bien! Ya estás en la lista.